Tomamos una foto completa de tus servidores, tu nube y tu código, la comparamos en la cadencia que necesites e investigamos cada cambio con contexto. Te avisamos en claro, con evidencia — solo cuando hay algo que hacer.
El método
Diario por defecto; cada cinco minutos si tu operación lo pide. No miramos dashboards esperando que algo se ponga rojo: comparamos estados completos y solo investigamos lo que cambió. Y no venimos a calificar el trabajo de nadie — sabemos que el día a día manda. Venimos a decirte qué pocos cambios te protegen más.
Un script que tu equipo lee línea por línea. Sin red: escribe un archivo y termina. La AI interpreta resultados, nunca improvisa comandos.
Paquetes, puertos, usuarios, llaves SSH, tareas programadas, firewall, permisos y código en disco. Revisada una vez, versionada para siempre.
Cada ejecución se compara con la anterior. Lo raro pero conocido no hace ruido; el cambio nuevo, sí. Y un hallazgo alerta una vez, no cuarenta.
El agente investiga cada cambio: quién lo hizo, cuándo, si estaba planificado y qué riesgo implica. Te lo cuenta en claro, con su evidencia.
Si nadie va a actuar sobre una señal, no es una alerta: es ruido.
El catálogo
Cada módulo se vende, se ejecuta y se entrega por separado, y todos devuelven lo mismo: inventario de lo analizado, hallazgos con evidencia reproducible, remediación priorizada, un score y — sobre todo — qué no se pudo mirar y por qué. El informe consolidado se arma solo, compres tres o los doce.
Inyecciones, validación de entrada, criptografía mal usada, lógica de autenticación, y controles que están en el código pero no protegen nada.
Vulnerabilidades conocidas en tus dependencias, inventario de componentes, licencias, integridad de artefactos y dependencias sin fijar.
Credenciales en el código, en variables de entorno y en el historial de git, incluidas las que se borraron y siguen siendo válidas.
Protección de ramas, revisiones, cobertura de pruebas, pipelines, y quién puede desplegar a producción — hoy, en la práctica.
Servidores y nube: configuración, red, contenedores, hardening e infraestructura como código. Es el módulo que más se monitorea.
Quién entra a qué: sesiones, mínimo privilegio, cuentas de servicio, doble factor, y bajas hechas en recursos humanos pero no en los sistemas.
Clasificación, datos personales, cifrado en tránsito y reposo, retención, y el estado real de tus respaldos: si existen y si alguien los ha probado.
SaaS conectados, integraciones OAuth, permisos heredados y riesgo de proveedores. Lo que otros ven de ti sin que nadie lo haya decidido.
Subdominios, APIs no documentadas, puertos y paneles abiertos. La parte pasiva no necesita acceso; las pruebas activas solo con autorización firmada.
Segmentación, separación entre clientes, confianza entre servicios y modelado de amenazas sobre tu diseño real.
Qué queda registrado, cuánto se conserva, qué alerta a quién y si alguien ha restaurado un respaldo. ¿Cuánto tardarías en enterarte?
Inyección de prompt, fuga de datos hacia el modelo, permisos de los agentes y exposición a través de RAG. Solo si aplica.
Cumplimiento (ISO 27001, SOC 2, PCI, Ley 29733) no es un módulo: es un mapeo de los hallazgos de los módulos que contrataste. Con pocos módulos el mapeo queda con huecos — y eso te lo decimos antes de vendértelo, no al entregar.
Y hay un módulo más, el M13, que no está en este catálogo porque no es una auditoría ni se cobra como una: optimiza tu factura de nube y se cobra por resultado. Está aquí abajo.
De auditoría a vigilancia
Una auditoría es una foto. El monitoreo es la re-ejecución continua de la parte automatizable de los módulos que contrataste — y no todos se convierten por igual, así que solo se cobra por los que sí.
Llaves, tareas programadas, servicios, puertos y cuentas nuevas. Es lo que garantiza que quien entró pueda volver aunque cierres la puerta — y lo primero que delata una comparación.
[P1] Llave nueva en las autorizadas de un usuario que no corresponde a nadie del equipo
Cada fichero que corre en producción, con su huella. Cuatrocientos cambios a la vez son un despliegue; uno solo a las tres de la mañana es otra cosa. Y del cambio se analiza el contenido.
[P1] El script de pagos carga desde un dominio que no es el de tu pasarela
Quién entró, cuándo y qué ejecutó. No con una lista negra: con el repertorio normal de cada servidor. Y si hoy tu servidor no registra nada de eso, ese es el primer hallazgo.
[P1] Descarga de internet ejecutada directo en shell, en un directorio temporal
Los hallazgos que más valen no viven en ninguna máquina ni en ningún módulo individual: aparecen al cruzarlos. Un servidor auditado solo es un servidor auditado.
[P1] La misma llave SSH abre seis servidores: comprometer uno es comprometer seis
M13 · Optimización de nube
El mismo motor que busca riesgos encuentra dinero: fierro sobredimensionado, egreso mal enrutado, almacenamiento en la clase equivocada, recursos que nadie apagó. Nosotros proponemos y medimos; tu equipo aprueba y ejecuta. Si no ahorras, no hay honorario.
En semanas, tocando solo red y almacenamiento, sin una sola caída. Caso documentado, disponible bajo acuerdo de confidencialidad.
Es el 50 % de lo que ahorres en un año, cobrado sobre la factura real, no sobre una proyección. En cuotas, a medida que el ahorro ocurre.
No tocamos retención de registros, respaldos, versionado ni redundancia. Ahorrar apagando lo que te protege es un incidente con descuento.
Primero lo reversible en 30 segundos, después lo que exige build. Con umbrales de aborto: si algo se degrada, se revierte y se documenta.
Antes de tocar nada acordamos por escrito la línea base y cómo se mide el ahorro. Sin eso, dentro de ocho meses tendríamos una discusión en vez de un resultado.
De dónde sale la evidencia
Debajo de los módulos hay conectores: piezas de solo lectura que recogen la evidencia. Uno alimenta a varios módulos, y un módulo puede usar varios conectores. Por eso funciona igual si vives en una nube, en tres, o en ninguna.
On-premise, datacenter propio o VPS, uno o cincuenta. Sin consola que mirar: el conector entra con un usuario acotado, lee y sale. Inventario, accesos, procesos y código.
IAM, cuentas de servicio y sus llaves, bases de datos, buckets y registros de auditoría. Con credenciales de solo lectura que tú creas — y puedes revocar cuando quieras.
Lo que se ve desde afuera: certificados y vencimientos, registros DNS, autenticación de correo, subdominios olvidados y paneles expuestos. No necesita acceso, solo tu autorización.
Correo corporativo y repositorios: quién es administrador, quién tiene doble factor, quién puede escribir en la rama que se despliega y quién conserva acceso sin trabajar aquí.
Lo importante no es la suma, es el cruce: la misma llave en seis máquinas, la baja que se hizo en recursos humanos pero no en la infraestructura, el dominio que apunta a una dirección que ya no es tuya. Eso no aparece mirando un servidor a la vez.
Auditar infraestructura ajena es un privilegio. Estas garantías no son políticas internas: están impuestas por permisos que nosotros mismos no tenemos forma de saltar.
Credenciales de solo lectura en la nube, y en servidores un usuario que el sistema operativo limita a un solo programa. No es promesa: es un permiso.
Escribe un archivo y termina. Lo único que corre con privilegios en tu infraestructura no puede sacar nada, y se verifica leyendo el programa.
Recibes el manifiesto con la lista completa de comandos, qué lee cada uno y por qué. Lo genera el propio programa, así que no puede diferir de lo que hace.
Cada comando, con su fecha, su duración y la huella de su resultado, entregado junto al informe. El auditado puede auditar al auditor.
Cualquier acción de cambio llega como propuesta: comando exacto, impacto esperado y comando de reversión. Ningún cambio ocurre sin aprobación escrita de tu equipo.
Recolectamos configuración y estado, nunca el contenido de tus bases de datos. Los secretos se reportan como hallazgo, jamás en claro.
# Todo el acceso del agente a un servidor cabe en dos líneas # que instala — y puede borrar — tu propio equipo: adduser lumini-audit echo 'lumini-audit ALL=(root) NOPASSWD: /usr/local/bin/lumini-collector' \ > /etc/sudoers.d/lumini-audit # Y revocarlo tarda menos que leer esta línea: userdel -r lumini-audit && rm -f /etc/sudoers.d/lumini-audit
El colector es un programa publicado, con su huella verificable, que tu equipo revisa antes de instalar. Fuera de él, ese usuario no puede ejecutar nada con privilegios.
Cómo se contrata
Paquetes armados sobre el catálogo, o módulos sueltos si prefieres. Precio cerrado por escrito antes de empezar, siempre.
La parte pasiva de M9: lo que cualquiera ve de ti desde internet — certificados, DNS, correo, subdominios olvidados y credenciales tuyas en filtraciones públicas. Sin acceso ni instalación.
Los cuatro módulos del Tier 1 sobre tu repositorio: código, dependencias, secretos y gobernanza del desarrollo. Corre casi solo, no toca tu infraestructura y entrega en días.
La base más infraestructura, identidad, datos y los módulos que apliquen. Informe consolidado firmado, con score y cobertura por módulo, presentado en reunión con tu equipo.
La re-ejecución continua de los módulos que se automatizan, contra el baseline que dejó tu auditoría. Alertas por severidad cuando algo importa, silencio cuando no, y un reporte mensual.
¿Y arreglarlo? Cada hallazgo sale con su plan. La remediación —control de versiones, despliegue reproducible, respaldos probados, accesos ordenados— la puede ejecutar tu equipo o el nuestro, y se cotiza aparte para que no dependa de la auditoría.
De dónde sale el método
Salió de responder incidentes de seguridad reales —contención, análisis forense, reconstrucción de infraestructura y notificación regulatoria— y de cinco años construyendo y operando software en producción. Lo que funcionó en esas madrugadas se volvió método, y el método se volvió agente.
Cada regla de este producto existe porque algo falló y hubo que resolverlo con producción encima. Ninguna sale de un marco teórico.
Cinco años construyendo y sosteniendo software. Sabemos lo que cuesta un cambio en producción, y por eso proponemos los que valen la pena.
Con nombre y fecha. Un informe que alguien firma vale diez veces uno generado, y te da a quién preguntarle cuando algo no cuadre.
No verás aquí el nombre de ningún cliente ni un hallazgo suyo reconocible. El tuyo tendrá exactamente el mismo trato.
Conversemos 30 minutos sobre tu infraestructura. Sin compromiso y sin instalar nada: solo preguntas correctas y un alcance concreto por escrito.